¿Turistas problemáticos?

Viajar es un placer, aunque no siempre. Los turistas muy a menudo dejan ver su cara menos amable cuando están de vacaciones. En el ranking de los más maleducados, elaborado por un portal de viajes, el primer puesto es para… los franceses, le siguen los visitantes rusos. Los españoles, ruidosos como los italianos, ocupan el sexto lugar.

Los franceses dentro y fuera de su país son los más maleducados del mundo, el 20 por ciento de los encuestados dicen que son tacaños y arrogantes. Con los rusos, la encuesta dice que son groseros y cortantes, tienen el segundo puesto de naciones maleducadas. El tercero, los británicos, fuera de su casa la hora del té se convierte en la de la cerveza. En el ranking de malos modales, alemanes y chinos ocupan también la parte alta de la tabla. A nosotros, la encuesta nos coloca en sexto lugar, por delante de los americanos, pero los que tienen mejor educación son los noruegos y los australianos.

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Desde que el exministro franquista de información y turismo, Manuel Fraga, inaugurara allá por 1949 el archiconocido lema “Spain is different”, nuestro país no ha dejado de ser uno de los destinos favoritos para todo aquel ansioso de sol y playa, y, en algunos casos, desfase y desenfreno.

El sector turístico en España mueve cantidades escalofriantes de dinero proveniente tanto de turistas interiores (de riñonera y tortilla de patata) como de exteriores (más conocidos por sus pieles ardidas al sol, y sus calcetines combinados con sandalias).

Algunos puntos de nuestras costas, sobre todo la mediterránea, se ve golpeada para bien, pero también para mal, por este fenómeno de masas. ¿Las más conocidas: Salou (Tarragona), Benidorm (Alicante) y la colonia alemana de “El Arenal” (Mallorca). Estas localidades de playa, entre otras muchas, tienen la ventaja, pero también la desventaja, de reinar en los folletos turísticos de medio mundo. Cuando hablo de desventajas me refiero a esos efectos negativos del turismo que muchas veces solo conocen los propios vecinos.

Problemas del turismo y medidas para frenar la mala praxis.

“Balconing”: La misma manía que mueve a nuestro idioma a la anglo-transformación de todos los términos habidos y por haber, es la que tienen algunos jóvenes de procedencia extranjera que ven una divertida práctica en utilizar los balcones de sus habitaciones en hoteles y apartamentos como trampolín para lanzarse a la piscina.
Entre 120 y 500 euros de multa por ir desnudo o semidesnudo por Barcelona. Esto es una medida del ayuntamiento de la capital condal para dar mejor imagen de la ciudad, ya que algunos turistas hacen de las calles más céntricas de la ciudad, una orilla de playa improvisada.
Mala imagen del turismo español. Este es el alegato que presentó la Generalitat Catalana contra algunos tabloides británicos coincidiendo con la celebración de la Saloufest. Esta fiesta hace que miles de jóvenes procedentes del Reino Unido desembarquen en el conocido pueblo tarraconense para abusar del sol, pero también del alcohol.
Estos son solo algunos de los problemas que traen de cabeza a instituciones, hosteleros y vecinos, pero… ¿Qué sería de nuestro país sin turismo? ¿Hay que regular la imagen de España en el extranjero?