Tarazona ruge a la salida del Cipotegato

Los restos de tomate que todavía no escurrían por las camisetas, han saludado al Cipotegato  que como ya prometió el año pasado, volvería estar a la misma hora en el mismo lugar.

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Por vigésimo séptima vez, a las doce en punto de la mañana, el reloj de ayuntamiento ha dado el aviso de salida al siempre puntual Cipotegato, al que los más impacientes llevaban esperando desde las once y media lidiando el preludio a la guerra de tomates que no tardaría en llegar.

A pesar de ser lunes, el Cipotegato ha tenido estrecheces para hacerse hueco en una plaza donde el blanco de la ropa tañía de rojo desde primera hora de la mañana.

El repicar de las campanas y un buen puñado de cohetes, han hecho de particular banda sonora a la fiesta.

Presumiblemente rápido, en pocas zancadas el personaje del día ya se estaba desapareciendo por la Calle del Carmen. En ningún momento los vítores y cánticos han dado lugar al silencio en la corta pero intensa espera que bajo un sol de condena, que calentaba las cabezas (los motores lo estaban de sobra) llenas de pepitas.

Con más comodidad, el Cipotegato ha proseguido por el recorrido que ya adelantó hace un par de semanas, escoltado a ambos lados por los turiasonenses que por diferentes motivos no se han aventurado a sumarse al jolgorio que se ha vivido en el epicentro.

El difícil sube y baja del entramado de calles de la ciudad ha ido mellando la fuerza física del Cipotegato mientras que iba ganando en ánimo conforme el recorrido hasta la estatua que lleva su nombre, se iba reduciendo.

De un momento a otro, y cumplido aproximadamente un cuarto de hora desde que los decibelios y los tomates se alzaron por encima del Moncayo, el Cipotegato ha hecho su aparición por la casi obligada ruta de subida por la calle Visconti hasta plaza de España. A hombros de sus amigos ya agitaba con energía la pelota roja atada de un palo de madera que complementa el archiconocido y particular disfraz de arlequín que no pocos han intentado rozar a su paso.

La marabunta más cercana al pedestal de hormigón que corona la figura de hierro del Cipotegato se balanceba haciendo esfuerzos por ver lo más cerca posible el momento de la subida.

Y por fin, un extenuante Cipotegato, ha levado las manos que como por arte de magia han hecho rugir a la ciudad de Tarazona como nunca.

Un punzón de pena ha recorrido cada corazón al ver como sin poder congelar un momento que se recuerda todo el año, se volvía a escapar de las manos. El Cipotegato se recogía más victorioso todavía, camino de la misma puerta que le había visto salir.

Una vez más todo había llegado a su fin y estábamos a punto de conocer el rostro, hasta ahora anónimo, de quien ha dado vida al héroe amarillo, verde y rojo. El clamor popular seguía encendido, pero ya no quedaban tomates, el acto más emotivo de las fiestas había acabado, pero solo 364 días restaban para la siguiente cita.

Con el mejor de los pistoletazos de salida, turiasoneses y forasteros, van a tener la oportunidad de aliviar luto en unas fiestas en honor a San Atilano que se prolongarán hasta el próximo 1 de septiembre.

Texto: Marta Rived

Imagen: Álex Valle, @galexkun

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