¡AMEN! sin tilde

El programa de Telecinco, ‘El Gran Debate’ ha abordado el tema de la adopción gay, y marcando precedente he querido expresar mi opinión de forma mucho más masificada que de costumbre porque creo que es algo importante que todos en nuestro foro interno deberíamos afrontar. Hablamos sobre respeto y educación.

La familia ya no es lo que era, porque igual que ya no nos transportamos en calesas, tampoco el paradigma de la familia está constituido por la estructura formada por un hombre y una mujer unidos en matrimonio.

La familia es una palabra inabarcable en su sentido práctico, cada uno considera como familia una unión distinta.

Los homosexuales -calificación que a todos los efectos me parece desfasada- no hacen daño. Las críticas, las bombas y los prejuicios, sí.

¿Cómo puede sentirse una persona que ha visto cómo sus vecinos, sus familiares, sus amigos, se manifiestan contra lo que a ella le hace feliz? Realmente no lo sé, pero tiene que ser algo muy parecido al dolor, y porqué no, a la autodecepción.

Entiendo perfectamente que nuestros abuelos, aquella generación que vivió entre represalias y prohibiciones, no entienda el amor entre personas del mismo sexo, puesto que al fin y al cabo, fueron educados bajo unos principios que mucho difieren de los de hoy en día. Mas veo incomprensible que actualmente esta actitud provenga de una sociedad educada en libertar y comprensión.

En el S.XXI en el que todos a priori tenemos asumido que una mujer es exactamente igual que un hombre con sus virtudes y defectos, pregunto: ¿Qué no puede darle una mujer a un hijo que sí pueda darle un padre y viceversa? El único requisito para tener un hijo es darle todo el amor que uno sea capaz de dar.

Una mujer u hombre que ama a una persona del mismo sexo, demuestra a todas luces que resulta mucho más capacitado para amar sin barreras, por encima de sexo, condición o modelo de conducta, en definitiva, sabe amar sin “peros”.

Una persona que no considera a un gay o lesbiana como un igual, no puede amar sin medida, puesto que alguien que es capaz de pretender cambiar los sentimientos que a otro le hacen felices, escudándose en la Iglesia, lo “antinatura”, ama con condiciones.

Estamos en la vida de paso, qué menos que respetar al prójimo permitiéndole ser feliz, ser uno mismo. Por favor, amen sin conocimiento. Amen sin tilde.